ME CAMBIÓ EL DÍA

 

Muchas gracias, Señor, por este día

que ha sido para mí maravilloso,

pues has hecho que vuelva la alegría

sobre este corazón tan quejicoso.

 

La tristeza corría por mis venas

llevando a borbotones amarguras,

atadas por la fuerza con cadenas

por que no se salieran por fisuras.

 

Mas las sombras le dieron paso al sol

y todo refulgió en azul celeste,

luciendo ya mi aurora de arrebol

y nunca viví un día como éste.

 

Ahora vivo por suerte en dulce calma

por llegar el sosiego hasta mi alma.

 

 

 

 

Acerca de cristinovidal

Jubilado, toledano y residente en Madrid. Escribo poesía por entretenimiento.
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