LA CALABAZA Y YO

 

Cavando estaba un día allá en mi huerta

y estuve muy a punto de romperla,

pero gracias a Dios que pude verla

y al instante me puse todo alerta.

 

Era una calabaza muy cubierta

por hermosos colores, una perla,

que me trajo el afán de poseerla

con ansia tan febril como encubierta.

 

Muy pronto la agarré con mano experta

y al ver su redondez, quise meterla

el diente poco a poco, mas no acierta

 

mi boca y sólo pude al fin lamerla

y me entraron las ganas, pero a espuertas,

de abrir su corazón, para comerla.

 

 

 

 

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Acerca de cristinovidal

Jubilado, toledano y residente en Madrid. Escribo poesía por entretenimiento.
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