ASÍ FUE AQUELLA NOCHE

El sudor de su piel me transmitía
el placer que trajera con su efluvio
y con gusto en mis poros se metía
con la fuerza rayana en un diluvio.

Sentía las caricias de su roce
que cada vez era mayor si cabe,
al aumentar en ambos ese goce
que cuando empieza, terminar no sabe.

Sin parar continuamos en el juego,
pues no quisimos darnos por vencidos
y echamos sin cesar más leña al fuego,
hasta acabar exhaustos y dormidos.

Al despertar, el beso fue al unísono,
como igualmente fuera de dulcísono.

Acerca de cristinovidal

Jubilado, toledano y residente en Madrid. Escribo poesía por entretenimiento.
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