A LA NIÑA DE MIS OJOS (Marta, mi hija)

Viniste al mundo para dar ternura
y todavía nos la sigues dando,
aunque también nos des de vez en cuando
algún punzante atisbo de amargura,

que muy de tarde en tarde, nos procura
con ahínco meter de contrabando
la tristeza e insiste en ir sumando,
mas no puede romper la soldadura.

Eres el centro y más de la familia,
que muy gustosa te protege y cuida
y con placer te acepta como eres,

estando para ti siempre en vigilia
desde el primer momento de tu vida,
dándote mucho más de cuanto esperes.

Si acaso un ángel fueres,
que tal creo, presumo que esta historia
sucederá al revés, allá en la gloria.

Acerca de cristinovidal

Jubilado, toledano y residente en Madrid. Escribo poesía por entretenimiento.
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