A TANTO LLEGAMOS

Sentí que se arqueaba su cintura
por el leve contacto con mi piel
y vi que me colmaba de esa miel,
dechado del sabor de la dulzura,

que por su boca sale hasta la hartura
y luego en una lucha sin cuartel
ni tregua, atravesamos el dintel
para entrar donde fuera ya locura.

Crecían a la par nuestros deseos
elevándose a alturas lujuriosas
por causa de los besos y los mimos,

a los que acompañaban los jadeos,
y las palabras por demás melosas
que el uno al otro con amor dijimos.

Acerca de cristinovidal

Jubilado, toledano y residente en Madrid. Escribo poesía por entretenimiento.
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