La vida no me dio lo que esperaba
y bien puedo decir que lo contrario,
pues de muchas tristezas un rosario
muy largo sin cesar me preparaba.
Si algo bueno y feliz se me antojaba
me lo dio, pero siempre tan precario,
que enseguida corría el calendario
y al ir a degustarlo, se acababa.
Mis hombros van cargando sinsabores
que ya desde pequeño fueran míos,
a los cuales se fueron añadiendo
toda suerte de penas y dolores,
como arroyos que vierten en los ríos
las aguas que a su vez les van fluyendo.